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¿Qué puedes imaginar mejor que hacer la Ruta 66 en un clásico Mustang?
Lo mejor es no imaginarlo, conocerlo, y eso es lo que ahora os vamos a intentar transmitir.
Desde Chicago hasta Los Ángeles y a través de Misuri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California, eso es la Ruta 66, de este a oeste, cruzando todo Estados Unidos. Empecemos con Chicago:
Su buen diseño urbano, la convierte en una metrópolis organizada ayudada por el buen servicio de transportes de la ciudad permitiéndonos movernos con seguridad y tranquilidad por sus calles.
The Magnificent Mile, es un excelente programa para ir de paseo, salir a caminar, sentarse en los mejores bares de la ciudad y comprar en las primeras marcas del mundo.
Como toda ciudad cosmopolita, Chicago, nos ofrece un sin fin de atracciones, desde una gran vida cultural en sus museos, pasando por entretenimientos de primer nivel hasta playas al borde del lago Michigan.
Nos dirigimos hacia Springfield (una de las muchas Springfield que tiene Estados Unidos) disfrutando del tremendo paisaje, de las carreteras nevadas y de la impresionante naturaleza que tiene este país.
Un lugar mítico para los rateros: Cozy Dogs, un pequeño garito en medio de la Ruta 66 en el que los antiguos viajeros paraban a disfrutar del plato especial de la casa. Una especie de Frankfurt clavado en un palo de helado y rebozado de maíz crujiente. Es curioso ver que en todas las paradas oficiales de la Ruta 66 se puede comprar merchandising oficial.
Cruzamos de nuevo el Mississippi, es una tremenda experiencia. Es un río enorme y además puedes acceder al antiguo puente por el que lo cruzaba la vieja Ruta 66. Un puente en deshuso que a día de hoy sólo se puede cruzar en bicicleta o a pié. El paisaje es incomparable y la estructura metálica se levanta majestuosa ante nosotros. Por supuesto encontramos los viejos carteles que avisaban de que era parte de la Ruta, en su zona de Missouri.
Al entrar en St. Louis lo primero que llama la atención es el monumento más grande de Estados Unidos, un arco impresionante llamado The Gateway To The West.
Toca seguir la ruta y llegar de nuevo a otra ciudad llamada Springfield, otra más. Para llegar a ella se puede atravesar el Parque Nacional Mark Twain, un viaje largo, pero un paisaje que merece la pena y que poco a poco te lleva a cruzar Arkansas.
La penúltima parada, saliendo un poco del trazado de la Ruta, sería Memphis. Estando tan cerca de la ciudad del blues y hogar del mítico Elvis, la visita es obligada.
El camino hacia Kansas, en donde está la parte más bonita de la Ruta 66, se presenta largo pero divertido. Praderas de trigo amarillo, prados verdes, vacas, caballos, granjas, pajares, establos, molinos de viento y pueblos fantasma son nuestros compañeros de viaje hasta llegar a la mítica gasolinera.
Abandonada, en medio de la ruta, pero en un estado impecable y a las afueras de un pueblo fantasma. En ella se encuentra el viejo coche que sirvió de inspiración para crear a uno de los personajes de la película CARS.
El destino final es Elk City. Imaginad un pueblo enorme, al estilo salvaje oeste. Con su ayuntamiento, barbería, bar, máquina de tren, granjas, tractores de la época… se trata de una recreación bestial de lo que podía haber sido un pueblo de colonos en medio de una pradera. Con su lago y todo. Elk City también sirve de museo oficial de la Ruta 66 y por lo tanto se puede encontrar mucho merchandising.
Antes de abandonar Amarillo debemos pasar por uno de los monumentos más extraños de todo el viaje, el Rancho Cadillac. Una idea poquísima que consiste en una serie de viejos Cadillacs enterrados parcialmente sobre los que se puede pintar con spray. Allí los texanos aprovechan para dejarse mensajes de amor y dedicatorias varias.
Es curioso ya que los sprays están por allí mismo, sólo tienes que buscar uno que tenga tinta y ponerte a dibujar lo que quieras sobre los coches.
De camino a Albuquerque es recomendable parar en el pueblo de Adrian, que marca justo la mitad de la ruta al encontrarse a 1139 millas de Los Ángeles y de Chicago. En este momento llevamos hechos más de 2.500 kilómetros.
Abandonamos los prados y los campos para llegar al puro desierto. Un paisaje árido, plano, con el sol cayendo a plomo y un terreno infinito a nuestro alrededor.
Nuestra primera parada es el Bosque Petrificado. Un parque natural impresionante, que en algún momento fue un bosque, y que ahora muestra troncos petrificados, como convertidos en piedra. Más de una hora en coche para atravesar el parque de punta a punta sin contar las paradas para ver el paisaje. Impresionante es poco.
Llegamos a Flagstaff, que si con suerte aparece nevado tendrá un aspecto más propio de un pueblecito canadiense en plena Navidad. Precioso, con luces de colores, nieve y la estructura del pueblo construido en una ladera con edificios de madera ayudan a que sea lo más parecido a una postal navideña.
Cerca de este increíble pueblecito tenemos a una de las atracciones turísticas más impresionantes de todo Estados Unidos. El Gran Cañón del Colorado.
El siguiente punto en la ruta es menos romántico pero mucho más divertido. Sólo unas cuantas horas en coche nos separan de Las Vegas así que, lógicamente, decidimos ir a la ciudad del vicio y la perdición por ver sus bellos monumentos, claro.
Si tenéis tres o cuatro días libres: Flamingo, Caesar Palace, Bellagio, MGM, Spearmint Rhino… son nombres que debéis apuntar en vuestra agenda.
La ruta 66 original llega hasta Los Ángeles que marcó el fin de la Historic Route 66. El camino desde Las Vegas hasta la ciudad de Hollywood es largo, muy largo, sobre todo si decidís ir atravesando montañas y disfrutando del paisaje.
Intentamos encontr alojamiento cerca de Hollywood Boulevard, la mítica calle con el paseo de las estrellas y mirador estupendo para ver el cartel de Hollywood desde el Kodak Theather (lugar donde se celebran los Oscar justamente por estas fechas). Desde allí podemos programar diversas escapadas hasta la colina de Hollywood, la playa de Santa Mónica, el distrito financiero o el Staples Center en donde Gasol debía estar dándolo todo.
Si esperáis encontrar en esa mítica calle el glamour que se le presupone a la meca del cine no os ilusionéis. Eso sí, a medida que avanzas por el paseo y te acercas al teatro en donde se entregan los Oscars la cosa cambia.
Pero LA es mucho más. Es una ciudad enorme, inabarcable y repleta de garitos nocturnos en donde disfrutar de buena música en directo. Uno de los míticos es Viper’s Room. El local que pertenece a Johnny Depp y en el que murió la estrella adolescente de los noventa River Phoenix.
Necesitaréis cuatro o cinco días en la ciudad para verla mínimamente y es que Los Ángeles es un buen final de la Ruta 66 que nos ha llevado de costa a costa, desde los grandes lagos hasta el letrero de Hollywood. Atrás quedan campos de trigo, encuentros con vaqueros, fiestas en Texas, paisajes míticos, un montón de kilómetros y un país fascinante.


























